domingo, 25 de diciembre de 2016

HOMILÍA DEL SANTO PADRE FRANCISCO - NATIVIDAD DEL SEÑOR

Basílica Vaticana, sábado 24 de diciembre de 2016

«Ha aparecido la gracia de Dios, que trae la salvación para todos los hombres» (Tt 2,11). Las palabras del apóstol Pablo manifiestan el misterio de esta noche santa: ha aparecido la gracia de Dios, su regalo gratuito; en el Niño que se nos ha dado se hace concreto el amor de Dios para con nosotros.

Es una noche de gloria, esa gloria proclamada por los ángeles en Belén y también por nosotros en todo el mundo. Es una noche de alegría, porque desde hoy y para siempre Dios, el Eterno, el Infinito, es Dios con nosotros: no está lejos, no debemos buscarlo en las órbitas celestes o en una idea mística; es cercano, se ha hecho hombre y no se cansará jamás de nuestra humanidad, que ha hecho suya. Es una noche de luz: esa luz que, según la profecía de Isaías (cf. 9,1), iluminará a quien camina en tierras de tiniebla, ha aparecido y ha envuelto a los pastores de Belén (cf. Lc 2,9).

Los pastores descubren sencillamente que «un niño nos ha nacido» (Is 9,5) y comprenden que toda esta gloria, toda esta alegría, toda esta luz se concentra en un único punto, en ese signo que el ángel les ha indicado: «Encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre» (Lc 2,12). Este es el signo de siempre para encontrar a Jesús. No sólo entonces, sino también hoy. Si queremos celebrar la verdadera Navidad, contemplemos este signo: la sencillez frágil de un niño recién nacido, la dulzura al verlo recostado, la ternura de los pañales que lo cubren. Allí está Dios.

Y con este signo, el Evangelio nos revela una paradoja: habla del emperador, del gobernador, de los grandes de aquel tiempo, pero Dios no se hace presente allí; no aparece en la sala noble de un palacio real, sino en la pobreza de un establo; no en los fastos de la apariencia, sino en la sencillez de la vida; no en el poder, sino en una pequeñez que sorprende. Y para encontrarlo hay que ir allí, donde él está: es necesario reclinarse, abajarse, hacerse pequeño. El Niño que nace nos interpela: nos llama a dejar los engaños de lo efímero para ir a lo esencial, a renunciar a nuestras pretensiones insaciables, a abandonar las insatisfacciones permanentes y la tristeza ante cualquier cosa que siempre nos faltará. Nos hará bien dejar estas cosas para encontrar de nuevo en la sencillez del Niño Dios la paz, la alegría, el sentido luminoso de la vida.

Dejémonos interpelar por el Niño en el pesebre, pero dejémonos interpelar también por los niños que, hoy, no están recostados en una cuna ni acariciados por el afecto de una madre ni de un padre, sino que yacen en los escuálidos «pesebres donde se devora su dignidad»: en el refugio subterráneo para escapar de los bombardeos, sobre las aceras de una gran ciudad, en el fondo de una barcaza repleta de emigrantes. Dejémonos interpelar por los niños a los que no se les deja nacer, por los que lloran porque nadie les sacia su hambre, por los que no tienen en sus manos juguetes, sino armas.

El misterio de la Navidad, que es luz y alegría, interpela y golpea, porque es al mismo tiempo un misterio de esperanza y de tristeza. Lleva consigo un sabor de tristeza, porque el amor no ha sido acogido, la vida es descartada. Así sucedió a José y a María, que encontraron las puertas cerradas y pusieron a Jesús en un pesebre, «porque no tenían [para ellos] sitio en la posada» (v. 7): Jesús nace rechazado por algunos y en la indiferencia de la mayoría. También hoy puede darse la misma indiferencia, cuando Navidad es una fiesta donde los protagonistas somos nosotros en vez de él; cuando las luces del comercio arrinconan en la sombra la luz de Dios; cuando nos afanamos por los regalos y permanecemos insensibles ante quien está marginado. ¡Esta mundanidad nos ha secuestrado la Navidad, es necesario liberarla!

Pero la Navidad tiene sobre todo un sabor de esperanza porque, a pesar de nuestras tinieblas, la luz de Dios resplandece. Su luz suave no da miedo; Dios, enamorado de nosotros, nos atrae con su ternura, naciendo pobre y frágil en medio de nosotros, como uno más. Nace en Belén, que significa «casa del pan». Parece que nos quiere decir que nace como pan para nosotros; viene a la vida para darnos su vida; viene a nuestro mundo para traernos su amor. No viene a devorar y a mandar, sino a nutrir y servir. De este modo hay una línea directa que une el pesebre y la cruz, donde Jesús será pan partido: es la línea directa del amor que se da y nos salva, que da luz a nuestra vida, paz a nuestros corazones.

Lo entendieron, en esa noche, los pastores, que estaban entre los marginados de entonces. Pero ninguno está marginado a los ojos de Dios y fueron justamente ellos los invitados a la Navidad. Quien estaba seguro de sí mismo, autosuficiente se quedó en casa entre sus cosas; los pastores en cambio «fueron corriendo de prisa» (cf. Lc 2,16). También nosotros dejémonos interpelar y convocar en esta noche por Jesús, vayamos a él con confianza, desde aquello en lo que nos sentimos marginados, desde nuestros límites, desde nuestros pecados. Dejémonos tocar por la ternura que salva. Acerquémonos a Dios que se hace cercano, detengámonos a mirar el belén, imaginemos el nacimiento de Jesús: la luz y la paz, la pobreza absoluta y el rechazo. Entremos en la verdadera Navidad con los pastores, llevemos a Jesús lo que somos, nuestras marginaciones, nuestras heridas no curadas, nuestros pecados. Así, en Jesús, saborearemos el verdadero espíritu de Navidad: la belleza de ser amados por Dios. Con María y José quedémonos ante el pesebre, ante Jesús que nace como pan para mi vida. Contemplando su amor humilde e infinito, digámosle sencillamente gracias: gracias, porque has hecho todo esto por mí.

Fuente: http://www.vatican.va/news_services/liturgy/libretti/2016/20161224-libretto-natale-notte.pdf

lunes, 28 de noviembre de 2016

ADVIENTO... TIEMPO DE ESPERANZA

             
Adviento, del latín... llegada, venida. Tiempo de 4 semanas que precede a la Navidad. Época privilegiada para prepararnos en la esperanza y arrepentimiento.

Adviento... tiempo para permanecer vigilantes, caminando día a día en la Justicia, Paz y Amor.
Adviento... para hacer un alto en nuestra vida para reflexionar ¿Cómo esta nuestra vida espiritual, en nuestra relación con Dios y nuestro prójimo.

Aprovecha este Adviento para:
  • Avivar en los fieles la espera del Salvador.
  • La oportunidad para compartir tradiciones únicas del cristianismo y para crecer juntos en familia.
  • Tiempo para orar por los demás, compartir bienes, leer un pasaje de la Biblia con la familia y sobre todo con los niños.
  • Tiempo para dar gracias a Dios por todo, para ser generoso, amable y tolerante.
  • Tiempo además para reflexionar y meditar juntos sobre el verdadero sentido de la Navidad.
INVITACIÓN A:
  • Preparar nuestro corazón para celebrar este gran Misterio, mostrando a Jesús que estamos activos, atentos y vigilantes y con el corazón ocupado amando a todos, especialmente a los más necesitados como nos pide nuestro Padre,
  • No ceder al pesimismo, tristeza, desaliento e indiferencia, más bien época de alegrarse en el Señor y contagiar a  todos los que nos rodean.
  • Imitar a Jesús, orientando todo nuestro esfuerzo para que tristes, oprimidos, desalentados, reciban la luz de una nueva Esperanza, Alegría y Paz.
  • Tener una actitud de desafío para cambiar nuestro corazón y mentalidad hacia una nueva conversión, osea una nueva forma de pensar y actuar.
CONCLUSIÓN:

Que en éste tiempo de Adviento adoptemos actitudes acordes al querer de Dios. Pidamos a Jesús  que llegue y nos purifique, anime y nos convierta,  para actuar y trasmitir de forma verdadera y tangible la Misericordia, Paz y Esperanza, tan necesarias en la actualidad, porque éstos apreciados valores cristianos tienden a desaparecer.

Hacer un alto en nuestro día... y añadir momentos más continuos y profundos de oración y agradecimiento al Dios y Señor de la Creación.

lunes, 21 de noviembre de 2016

MISERICORDIA... BAJO LA LUZ DEL ROSTRO DE CRISTO

El 20 de Noviembre de 2016, su Santidad el Papa Francisco cerró la Puerta Santa. "Han brotado sentimientos de gratitud y reconocimiento hacia la Santísima Trinidad por habernos concedido un tiempo extraordinario de Gracia" (Misericordiae Vultus, 5).

El Papa Francisco pidió que este año nos dejemos sorprender por Dios ya que Él no se cansa de destrabar la puerta de su corazón para repetir que nos ama y quiere compartir con nosotros su vida. Importante es saber que "Estamos llamados a vivir la Misericordia, porque a nosotros en primer lugar se nos ha aplicado la Misericordia. El perdón de nuestras ofensas es la expresión mas evidente del amor Misericordioso  de Dios. Jesús señala a la Misericordia como ideal de vida y criterio de credibilidad de nuestra fe"(Misericordiae Vultus, 9).

PROPÓSITO:

Que nuestro lenguaje, gestos, actitudes, transmitan Misericordia,  para penetrar  en el corazón de las personas y motivarlas a reencontrar el camino de vuelta al Padre.

Que en nuestras parroquias, comunidades, movimientos y familia, donde haya cristianos encontremos gestos de Misericordia.

Tengamos siempre la certeza que Dios es Amor y Misericordia, y manifiesta su bondad amando a los pecadores,.. compadeciéndose de ellos, perdonándolos, tratando de atraerlos a Sí, con todos los medios posibles para hacerlos felices en el Paraíso.

Los pecadores debemos tener una confianza inmensa en la bondadosa Misericordia de Dios, apoyándonos en tres firmes pilares:
                                                               
                                                            - El arrepentimiento sincero.
                                                            - Hacer el propósito firme de no pecar.
                                                            - Buscar la reconciliación, en el sacramento instituido por Jesús.

COMPROMISO:

Este Jubileo de la Misericordia  ha dado muchos frutos que quedarán para siempre grabados, ya que de éste Año surgirán nuevas y excelentes expectativas.

Que ahora en adelante tengamos la cabeza y el corazón mas centrados en el rostro Misericordioso de Dios..como dice Papa Francisco  :"ser misericordioso es tener el corazón puesto en el prójimo y su necesidad .."

Artículo de: Elena Padilla 

lunes, 24 de octubre de 2016

MISERICORDIOSOS COMO EL PADRE

  •     Año de la Misericordia, año de reavivar, redescubrir, gozar la fe cristiana que se nos ha transmitido.
  •        Su Santidad Papa Francisco es el profeta de éste tiempo  porque sintió que el  Espíritu Santo quiso renovar la Misericordia del Padre en la Tierra.
  •         El Año de la Misericordia no pretende que hagamos simplemente cosas,  ritos, cruzar puertas, sino que busca que seamos conscientes de Amar y Perdonar… sin juzgar ni  condenar.  (Lc, 6.36).
  •        No son los actos externos nuestra Salvación, sino  el reconocer en consciencia la presencia y acción de Dios en nuestra vida.






PROPÓSITO
Año de Misericordia: Sacar el espíritu fariseo de mí… (Gal 5,19), expresado en odios... envidias… codicia… división… idolatrías… celos… rivalidades.





INVITACIÓN
  •        Cruzar la Puerta Santa… no como fariseo, llegar más bien... con consciencia limpia y corazón humillado.
  •          No poner medida al perdón ni al Amor. Los cristianos a ejemplo del Padre estamos llamados a perdonar para ser creíbles.
  •       El Papa Francisco nos invita a vivir este año con gozo y alegría desbordante practicando los frutos que nos da el Espíritu Santo en Gal 5,22 (Amor… paz… alegría… bondad… dominio de sí… etc.).
  •          A dejarnos... ser transformados por su Amor.


Este año que concluye… no podemos salir igual que antes... porque la Misericordia  se muestra como la fuerza que lo vence todo, que llena de amor el corazón y que consuela con el perdón.

Artículo de: Elena Padilla 

lunes, 17 de octubre de 2016

DESCRIPCION DEL LOGO DE LA MISERICORDIA

NO JUZGAR..NO CONDENAR..SOLO AMAR Y  PERDONAR SIN MEDIDA..Lc 6,36.37


  • Solo mirar el Logo es.."Misericordia  Pura".
  • Es Jesús mismo cargando no una oveja, sino al hombre de este tiempo.
  • Su mirada es infinita ternura.
  • Fué Marko Rupnik, sacerdote jesuita, experto en arte sagrado  quien lo diseñó.
  • Importante: Miremos..Un solo ojo ..El y Yo .. sus ojos se confunden con los del hombre.
  • Su carne..tocando mi carne
  • La  separacion de sus pies es..Jesús en movimiento ..es Jesús rescatando al hombre del abismo (azul obscuro).                     
Propósito:
  • Tener un año de gozo... no juzgando..no condenando... solo amando y perdonando sin medida de lo contrario no habrá paz, esperanza ni alegria.
  • Tiempo oportuno para cambiar de vida.
  • Tiempo para dejarse tocar el corazón.
  • El hombre actual tiene necesidad de palabras..pero sobre todo ..necesidad de testimonio de misericordia.

Invitación:

A dar un Jesús  al prójimo lleno de ternura y amor  que despierte en el hermano alegría y esperanza para su caminar.

Artículo de: Elena Padilla, de las conferencias de Ana Backer