miércoles, 26 de julio de 2017




Encuentro Americano  de Promoción y Difusión de Radio María

Radio María Ecuador participó en el encuentro de formación para “Promotores” de Radio María, que se realizó del 10 al 13 de julio en la casa de retiros “La Aurora” de la ciudad de Managua, República de Nicaragua. 
 
El objetivo de este encuentro en el que participaron delegaciones de Radio María Argentina, Chile, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Guatemala, México, Nicaragua, Paraguay, Panamá, y USA  fue el compartir experiencias y estrategias adecuadas que permitan confirmar  el desarrollo y la presencia de Radio María en el continente americano.

                            
Uno de los momentos destacados de  este encuentro ha sido la celebración de la  Eucaristía presidida por su eminencia cardenal Leopoldo José Brenes, arzobispo de Managua.


Contamos con sus oraciones para que Radio María se mantenga fiel a su identidad misionera , reafirme el  servicio a la Iglesia y su confianza en la Divina Providencia.
 

miércoles, 22 de febrero de 2017

“AMORIS LAETITIA”, LA ALEGRÍA DEL AMOR


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La Exhortación Apostólica, “Amoris Laetitia”, es un documento eclesial que todos estábamos esperando. Le habla de una manera exhortativa a la familia de hoy, que necesita momento a momento reanudar la relación de pareja en el “amor de Cristo”, pues es desde ese estilo de amar que se puede construir “sacramento” en el vida de una pareja.

El Papa abre este documento citando algunos pasajes bíblicos, para mostrarnos cómo “La Familia” ha estado y sigue estando presente en el corazón de Dios. La Familia toma valor en lo “Divino”. Lo vemos a lo largo de las Sagradas Escrituras en un sin número de testimonios de vida, familias al servicio del plan creador de Dios, tan sólo pensemos en la misma Familia de Nazaret. Esto nos lleva a pensar que Dios se ha valido y sigue valiéndose de las pequeñas comunidades domésticas, para continuar construyendo vidas humanas.

A partir de este criterio fundamental y la situación en la que se encuentra la familia hoy, el Papa Francisco nos invita en el segundo capítulo, a entender a la familia como un verdadero llamado vocacional que nos ha hecho Dios. Es necesario previamente aprender a discernir y construir en pareja.

Para esta vida en pareja, el amor juega un papel fundamental, sin ese amor Divino no se puede hablar de sacramento. En el capítulo cuarto el Papa hace una exégesis del capítulo 13 de primera Corintios, que estamos llamados a leer y releer detenidamente, y que entusiasma espiritualmente a las parejas a amarse desde Cristo.

Y es precisamente ese amor cristiano que hace y permite la “fecundidad” en la vida matrimonial, pues un amor que no es fecundo se vuelve estéril, y el amor de Cristo produce vida. No sólo se refiere a la capacidad de traer hijos al mundo, sino también que construir un proyecto de pareja exige constantemente que ese estilo de amar sea fecundo, produzca vida y no muerte.

El hablar de la educación de los hijos exige que ese amor esté vivo en el hogar, y que sea el principal pedagogo del mismo. La verdadera familia no se construye sobre nuestras ideas o filosofías irrefutables, sino sobre el amor de Cristo, como bien lo expresa Francisco en el documento.

Frente a todo este desafío de la familia hoy, nosotros como Iglesia (pastores, sacerdotes, religiosas, agentes pastorales, laicos comprometidos, etc.), no podemos quedarnos con las manos cruzadas o simplemente refutando todo lo que este documento propone. Nos urge en comunión con la misma Iglesia, el Papa, buscar caminos pastorales de reconciliación que nos conduzcan a mantener, defender y salvar a la familia, tan golpeada por esta “post – modernidad” que la amenaza hoy en día.

Nos urge brindar esperanza a tantas familias, parejas en dificultad o en situaciones irregulares, que hemos marginado de la comunión eclesial, sin brindarles soluciones o esperanzas; muchas de ellas soportando el dolor, quizás a raíz de nuestras propias condenas, otras sumergidas en la indiferencia, otras en credos religiosos donde les brindaron un espacio.

Nos urge aprender a discernir, acompañar y reconciliar toda la fragilidad humana que necesitamos salvar para el Reino de los Cielos. La Familia, como bien nos exhorta y nos anima el Papa Francisco en este bellísimo documento, es y tiene que seguir siendo una prioridad pastoral en cada una de nuestras parroquias. Buscando la oveja perdida o que hemos dejado que se pierda. Estamos llamados a aprender a escuchar el dolor de quien sufre, sin juzgar ni condenar.

Apoyemos toda esa propuesta pastoral que se nos propone en “Amoris Laetitia” que fue el resultado de todo un trabajo arduo, de un pre y post Sínodo dedicado a “La Familia”, y que el obispo de Roma, el Papa Francisco, nos lo regaló en este precioso documento. Tratemos de estudiarlo, reflexionarlo y meditarlo en familia, en parroquia, en nuestros diversos grupos laicales, en nuestras diversas instituciones religiosas, etc.

La familia es y sigue siendo prioridad para la Iglesia Universal.

P. Néstor Iván Bedoya Martínez

Sociedad de San Pablo

miércoles, 1 de febrero de 2017

Encuentro Latinoamericano de Radios María - Ecuador 2017

Querida Audiencia:

Tenemos el agrado de compartir con ustedes que del 6 al 10 de marzo de 2017, Ecuador será la sede del Encuentro Latinoamericano de Radios María, con el lema "Radio María y su desarrollo en América Latina y el Caribe".

Al evento acudirán los presidentes y sacerdotes directores de 18 paises del Continente Americano: Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Guatemala, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana, Uruguay y Venezuela.

Este Encuentro Latinoamericano se realiza cada dos años en una nueva sede, por ello les pedimos eleven sus oraciones al Todopoderoso y nuestra Madre para que se derramen muchas gracias para los participantes.

Bendiciones,


domingo, 25 de diciembre de 2016

HOMILÍA DEL SANTO PADRE FRANCISCO - NATIVIDAD DEL SEÑOR

Basílica Vaticana, sábado 24 de diciembre de 2016

«Ha aparecido la gracia de Dios, que trae la salvación para todos los hombres» (Tt 2,11). Las palabras del apóstol Pablo manifiestan el misterio de esta noche santa: ha aparecido la gracia de Dios, su regalo gratuito; en el Niño que se nos ha dado se hace concreto el amor de Dios para con nosotros.

Es una noche de gloria, esa gloria proclamada por los ángeles en Belén y también por nosotros en todo el mundo. Es una noche de alegría, porque desde hoy y para siempre Dios, el Eterno, el Infinito, es Dios con nosotros: no está lejos, no debemos buscarlo en las órbitas celestes o en una idea mística; es cercano, se ha hecho hombre y no se cansará jamás de nuestra humanidad, que ha hecho suya. Es una noche de luz: esa luz que, según la profecía de Isaías (cf. 9,1), iluminará a quien camina en tierras de tiniebla, ha aparecido y ha envuelto a los pastores de Belén (cf. Lc 2,9).

Los pastores descubren sencillamente que «un niño nos ha nacido» (Is 9,5) y comprenden que toda esta gloria, toda esta alegría, toda esta luz se concentra en un único punto, en ese signo que el ángel les ha indicado: «Encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre» (Lc 2,12). Este es el signo de siempre para encontrar a Jesús. No sólo entonces, sino también hoy. Si queremos celebrar la verdadera Navidad, contemplemos este signo: la sencillez frágil de un niño recién nacido, la dulzura al verlo recostado, la ternura de los pañales que lo cubren. Allí está Dios.

Y con este signo, el Evangelio nos revela una paradoja: habla del emperador, del gobernador, de los grandes de aquel tiempo, pero Dios no se hace presente allí; no aparece en la sala noble de un palacio real, sino en la pobreza de un establo; no en los fastos de la apariencia, sino en la sencillez de la vida; no en el poder, sino en una pequeñez que sorprende. Y para encontrarlo hay que ir allí, donde él está: es necesario reclinarse, abajarse, hacerse pequeño. El Niño que nace nos interpela: nos llama a dejar los engaños de lo efímero para ir a lo esencial, a renunciar a nuestras pretensiones insaciables, a abandonar las insatisfacciones permanentes y la tristeza ante cualquier cosa que siempre nos faltará. Nos hará bien dejar estas cosas para encontrar de nuevo en la sencillez del Niño Dios la paz, la alegría, el sentido luminoso de la vida.

Dejémonos interpelar por el Niño en el pesebre, pero dejémonos interpelar también por los niños que, hoy, no están recostados en una cuna ni acariciados por el afecto de una madre ni de un padre, sino que yacen en los escuálidos «pesebres donde se devora su dignidad»: en el refugio subterráneo para escapar de los bombardeos, sobre las aceras de una gran ciudad, en el fondo de una barcaza repleta de emigrantes. Dejémonos interpelar por los niños a los que no se les deja nacer, por los que lloran porque nadie les sacia su hambre, por los que no tienen en sus manos juguetes, sino armas.

El misterio de la Navidad, que es luz y alegría, interpela y golpea, porque es al mismo tiempo un misterio de esperanza y de tristeza. Lleva consigo un sabor de tristeza, porque el amor no ha sido acogido, la vida es descartada. Así sucedió a José y a María, que encontraron las puertas cerradas y pusieron a Jesús en un pesebre, «porque no tenían [para ellos] sitio en la posada» (v. 7): Jesús nace rechazado por algunos y en la indiferencia de la mayoría. También hoy puede darse la misma indiferencia, cuando Navidad es una fiesta donde los protagonistas somos nosotros en vez de él; cuando las luces del comercio arrinconan en la sombra la luz de Dios; cuando nos afanamos por los regalos y permanecemos insensibles ante quien está marginado. ¡Esta mundanidad nos ha secuestrado la Navidad, es necesario liberarla!

Pero la Navidad tiene sobre todo un sabor de esperanza porque, a pesar de nuestras tinieblas, la luz de Dios resplandece. Su luz suave no da miedo; Dios, enamorado de nosotros, nos atrae con su ternura, naciendo pobre y frágil en medio de nosotros, como uno más. Nace en Belén, que significa «casa del pan». Parece que nos quiere decir que nace como pan para nosotros; viene a la vida para darnos su vida; viene a nuestro mundo para traernos su amor. No viene a devorar y a mandar, sino a nutrir y servir. De este modo hay una línea directa que une el pesebre y la cruz, donde Jesús será pan partido: es la línea directa del amor que se da y nos salva, que da luz a nuestra vida, paz a nuestros corazones.

Lo entendieron, en esa noche, los pastores, que estaban entre los marginados de entonces. Pero ninguno está marginado a los ojos de Dios y fueron justamente ellos los invitados a la Navidad. Quien estaba seguro de sí mismo, autosuficiente se quedó en casa entre sus cosas; los pastores en cambio «fueron corriendo de prisa» (cf. Lc 2,16). También nosotros dejémonos interpelar y convocar en esta noche por Jesús, vayamos a él con confianza, desde aquello en lo que nos sentimos marginados, desde nuestros límites, desde nuestros pecados. Dejémonos tocar por la ternura que salva. Acerquémonos a Dios que se hace cercano, detengámonos a mirar el belén, imaginemos el nacimiento de Jesús: la luz y la paz, la pobreza absoluta y el rechazo. Entremos en la verdadera Navidad con los pastores, llevemos a Jesús lo que somos, nuestras marginaciones, nuestras heridas no curadas, nuestros pecados. Así, en Jesús, saborearemos el verdadero espíritu de Navidad: la belleza de ser amados por Dios. Con María y José quedémonos ante el pesebre, ante Jesús que nace como pan para mi vida. Contemplando su amor humilde e infinito, digámosle sencillamente gracias: gracias, porque has hecho todo esto por mí.

Fuente: http://www.vatican.va/news_services/liturgy/libretti/2016/20161224-libretto-natale-notte.pdf

lunes, 28 de noviembre de 2016

ADVIENTO... TIEMPO DE ESPERANZA

             
Adviento, del latín... llegada, venida. Tiempo de 4 semanas que precede a la Navidad. Época privilegiada para prepararnos en la esperanza y arrepentimiento.

Adviento... tiempo para permanecer vigilantes, caminando día a día en la Justicia, Paz y Amor.
Adviento... para hacer un alto en nuestra vida para reflexionar ¿Cómo esta nuestra vida espiritual, en nuestra relación con Dios y nuestro prójimo.

Aprovecha este Adviento para:
  • Avivar en los fieles la espera del Salvador.
  • La oportunidad para compartir tradiciones únicas del cristianismo y para crecer juntos en familia.
  • Tiempo para orar por los demás, compartir bienes, leer un pasaje de la Biblia con la familia y sobre todo con los niños.
  • Tiempo para dar gracias a Dios por todo, para ser generoso, amable y tolerante.
  • Tiempo además para reflexionar y meditar juntos sobre el verdadero sentido de la Navidad.
INVITACIÓN A:
  • Preparar nuestro corazón para celebrar este gran Misterio, mostrando a Jesús que estamos activos, atentos y vigilantes y con el corazón ocupado amando a todos, especialmente a los más necesitados como nos pide nuestro Padre,
  • No ceder al pesimismo, tristeza, desaliento e indiferencia, más bien época de alegrarse en el Señor y contagiar a  todos los que nos rodean.
  • Imitar a Jesús, orientando todo nuestro esfuerzo para que tristes, oprimidos, desalentados, reciban la luz de una nueva Esperanza, Alegría y Paz.
  • Tener una actitud de desafío para cambiar nuestro corazón y mentalidad hacia una nueva conversión, osea una nueva forma de pensar y actuar.
CONCLUSIÓN:

Que en éste tiempo de Adviento adoptemos actitudes acordes al querer de Dios. Pidamos a Jesús  que llegue y nos purifique, anime y nos convierta,  para actuar y trasmitir de forma verdadera y tangible la Misericordia, Paz y Esperanza, tan necesarias en la actualidad, porque éstos apreciados valores cristianos tienden a desaparecer.

Hacer un alto en nuestro día... y añadir momentos más continuos y profundos de oración y agradecimiento al Dios y Señor de la Creación.